Tratamiento del aire de salida
En el tratamiento de aguas residuales, los procesos de degradación biológica, el tratamiento de lodos y el almacenamiento de aguas residuales contaminadas pueden generar olores desagradables y emisiones gaseosas. En particular, el sulfuro de hidrógeno, el amoníaco y los compuestos orgánicos volátiles pueden afectar al entorno. Un tratamiento específico del aire de salida reduce estas emisiones de olores, ayuda a cumplir la normativa medioambiental y mejora la aceptación de las depuradoras en su entorno.
Dependiendo de la composición del aire de salida y de los requisitos de eficacia de depuración, se emplean diferentes métodos.
Biofiltros:
Aprovechan la capacidad natural de degradación de los microorganismos para eliminar del aire de salida los componentes gaseosos malolientes que son biodegradables. El aire contaminado se hace pasar a través de un lecho filtrante compuesto por un material adecuado —orgánico o mineral—, en cuya superficie se asientan microorganismos. En condiciones operativas adecuadas, estos microorganismos degradan biológicamente los contaminantes, transformándolos en sustancias prácticamente inocuas.
Los biofiltros son especialmente adecuados para tratar grandes caudales de aire que contienen sustancias malolientes biodegradables; este es el caso, por ejemplo, en estaciones de bombeo, instalaciones de tratamiento de lodos o sistemas de captación de aire en tanques de aguas residuales. Para garantizar una depuración eficaz, es necesario ajustar la humedad, la temperatura y el flujo a través del material filtrante en función de las condiciones operativas específicas. Si el sistema se diseña correctamente, se caracteriza por un bajo consumo de productos químicos y unos costes operativos reducidos.
Filtros de carbón activo:
Los filtros de carbón activo eliminan las sustancias malolientes y los contaminantes gaseosos mediante adsorción.
En este proceso, los contaminantes presentes en el aire de salida se depositan sobre la superficie altamente porosa del carbón activo. Gracias a su gran superficie interna, el carbón activo posee una elevada capacidad de retención para numerosos compuestos orgánicos y determinadas sustancias inorgánicas causantes de olores.
Este método resulta especialmente adecuado para flujos de aire de salida con concentraciones de contaminantes de bajas a medias, así como para aplicaciones que exigen niveles muy bajos de olores residuales. La elección del tipo de carbón activo depende de las sustancias que deban eliminarse y de las condiciones operativas específicas. Una vez agotada la capacidad de adsorción, es necesario sustituir el carbón activo o someterlo a un proceso de regeneración externo. Por consiguiente, un seguimiento periódico es fundamental para garantizar un funcionamiento fiable.
